El mensaje llegó como una sorpresa. Primero fue una notificación, después un mail y finalmente la confirmación de algo que parecía lejano. Santiago Arce y Alejandro Amenábar, dos tucumanos que compartieron aulas en el Gymnasium de la UNT, serán voluntarios en el Mundial 2026 que organizarán Estados Unidos, México y Canadá. Los dos trabajarán en Miami, una de las sedes más importantes del torneo y la ciudad donde Lionel Messi revolucionó el fútbol estadounidense desde su llegada al Inter Miami.

La experiencia, sin embargo, va mucho más allá de la posibilidad de ver de cerca a figuras internacionales. Para ambos representa la chance de vivir desde adentro el evento deportivo más importante del planeta. Y hacerlo juntos le agrega un valor emocional especial.

“No se nos borraba la sonrisa de la cara y mucho más porque lo íbamos a poder hacer juntos”, contó Santiago, todavía incrédulo por haber quedado seleccionado entre miles de postulantes de todo el mundo.

La historia comenzó hace meses, cuando FIFA abrió el proceso de inscripción para voluntarios. Ninguno tenía garantías. Apenas la ilusión de intentarlo. “’Vamos a ver qué tal’, nos preguntábamos”, recordó Santiago sobre aquel momento en el que decidió completar el formulario sin demasiadas expectativas.

Alejandro, en cambio, ya sabía lo que significaba trabajar en un evento de escala mundial. En 2024 fue voluntario en los Juegos Olímpicos de París, una experiencia que le permitió entender cómo funciona la maquinaria detrás de una competencia internacional. Pero aun así, admite que el Mundial será distinto.

“Son dos experiencias muy distintas. Durante los Juegos Olímpicos tuvimos muchísimas capacitaciones, y ahora es todo mucho más tranquilo”, explicó. “No sabemos qué esperar. Creo que es parte de lo divertido de no saber cómo va a salir”, agregó.

Alejandro Aménabar dijo presente en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Aunque el torneo recién comenzará el próximo año, ambos ya empiezan a imaginar lo que puede significar estar tan cerca del espectáculo. En el caso de Santiago, su tarea estará vinculada al área de “guest operations”, un sector dedicado a los invitados especiales de FIFA. “Soy el encargado de cuidar o de guiar a los invitados de la FIFA… lo que ellos llaman very VIP”, detalló. “Por lo general son famosos”, añadió. Si bien todavía no conoce exactamente cuál será su función específica, sí sabe que tendrá contacto permanente con personas de alto perfil. “Sé que va a ser interactuar con gente prestigiosa”, resumió.

Alejandro, por su parte, trabajará en el área de hospitalidad. “A mí me tocó hospitality, que es la gente que paga entrada, pero paga un paquete de FIFA que incluye otras cosas además del partido”, explicó.

La posibilidad de estar cerca de futbolistas, entrenadores y celebridades aparece inevitablemente en el imaginario de ambos. Santiago no lo oculta. “Estar cerca de los jugadores en la previa al partido sería algo que me gustaría un montón”, confesó. “Sé que estas secciones por ahí están medio alejadas, pero están cerca de los protagonistas antes de que arranque el partido. Eso siento que sería una locura de experimentar”, añadió

Miami, Messi y el sueño argentino

La sede que les tocará no es una más. Miami será uno de los grandes centros neurálgicos del Mundial y, naturalmente, el nombre de Lionel Messi atraviesa todas las conversaciones. De hecho, ambos imaginaban que la Selección jugaría allí la fase de grupos. Sin embargo, el fixture preliminar dejó una condición importante: para disputar partidos en Miami, Argentina deberá terminar primera de su grupo.

“Todos apostamos que está Messi en Miami, que alguna magia iban a hacer para que Argentina juegue la fase de grupos ahí”, relató Santiago entre risas. “Sería tonto de parte de FIFA no hacerlo jugar en Miami, pero bueno, claramente no estábamos en lo correcto”, indicó.

Más allá de eso, la ilusión sigue intacta. Porque incluso sin garantías de ver a la “Scaloneta”, la experiencia promete ser inolvidable.

Santiago Arce se mudó a Estados Unidos para estudiar una carrera universitaria.

Paradójicamente, mientras el mundo futbolero cuenta los días para el inicio del torneo, Santiago asegura que en Estados Unidos el clima mundialista todavía es casi inexistente. Él actualmente vive en Charlotte y percibe una distancia cultural enorme con respecto a la pasión sudamericana.

“El clima es nulo. Nadie le da bola. Incluso nadie sabe que va a ser el Mundial acá”, contó. “A veces mis compañeros de trabajo me preguntan qué es el mate y les digo ‘es lo que toma Messi’. ¿Quién es Messi?, me responden”, relató.

La situación, asegura, cambia un poco entre los más jóvenes. “Siento que hay una evolución. A los más chicos sí les gusta mucho más el fútbol, pero los de 30 años para arriba casi que nada”, indicó.

Una experiencia única aunque sin privilegios

Detrás del glamour del Mundial también existe una realidad poco conocida: ser voluntario implica asumir prácticamente todos los gastos. FIFA no cubre pasajes, alojamiento ni visas. El premio es la experiencia.

“Lo único que nos cubrirían son las comidas durante nuestro shift. De ahí en más ellos no se hacen cargo de nada”, explicó Santiago. “Incluso si estabas fuera del país, no te ayudan ni con la visa”, dijo.

Alejandro ya había vivido algo similar en París. “En los Juegos Olímpicos fue igual también. Vos te cubrís pasajes y alojamientos”, señaló. “Trato de pagar solo los pasajes y allá por ahí sí te dan comida, el chip del celular o alguna tarjeta para el transporte público”, relató.

También reciben la indumentaria oficial del evento, uno de los recuerdos más valorados por quienes participan. “Te dan zapatillas, remera, pantalón… como un conjunto deportivo para que vayas vestido a tu horario laboral”, contó Alejandro.

Claro que el esfuerzo económico no parece desalentar a ninguno. Santiago lo resume con una frase que explica por qué miles de personas alrededor del mundo sueñan con ocupar uno de esos lugares.

Porque para ellos no será solamente un voluntariado. Será estar adentro del Mundial. Y hacerlo juntos, como cuando compartían recreos y clases en Tucumán, le da todavía más sentido a la aventura.